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I

En el 2009 no me puedo acordar, pero en la Navidad del 2008 seguro que esperaba un mensaje (aunque ya no hablásemos más) tuyo, y en el 2007 recuerdo que charlé por SMS con Verónica. Es extraño, pero muchos esperamos que sean las 12 de la noche sólo para recibir un mensaje de texto. Cuando pasaron casi quince minutos de la Navidad del 2010, fui al teléfono y llamé a Belén, eso sí lo recuerdo. Este año no esperé un mensaje de nadie y es una de las formas de afirmar que si no te gusta nadie a veces la vida puede ser un poco aburrida.

II

Lo bueno de las fiestas también es un poco eso. Si estás en duda si alguna chica te gusta, si estás en un dilema porque hay dos que te vuelven loco; en el momento en el que la gente brinda, pensá en esa persona de la cual más te gustaría recibir algún tipo de señal, y listo, tenés tu respuesta. No hace falta gurúes del amor ni películas para mujeres de Hollywood con Jennifer Aniston, a veces la solución la tienen un par de satélites de Movistar y una vibración en tu bolsillo.

III

Cuando brindás podés pedir dos deseos también: los inútiles y los que sirven como puntapié. Habla un escéptico (pero de los que piden deseos cuando pasan por abajo de un tren -un tren es un tren y un arcoiris es un arcoiris) que sabe que por chocar dos copas, por más que sea la hora que sea, no va a suceder que algo pase. Por más que pida no ir a la promoción, Gigliotti no la va a colgar de un ángulo en la primera fecha. Pero si pido un deseo puntapié, si pido ponerme las pilas este año en la facultad… si pido algo que dependa de mí… quien sabe. Quizás ahí sí las copas con sus burbujas jueguen a mi favor y me den la ayuda que necesito para lograr eso. Quizás ahí sí San Lorenzo se quede en Primera.

IV

¿Y si tu vida es como esa cañita voladora que sube y amaga, y sube y amaga, pero se extingue sin explotar? ¿Si tu vida promete, va rápido, todos la miran y esperan algo de ella, pero fracasa y desilusiona? Cuando somos chicos nos creemos ser los mejores fuegos artificiales, pero lo más común es terminar en un chispazo y morir con el cielo de fondo.

Escrito por Patricio

Depression

Some sort of lid blew off, and I lost the last few pieces of the spurious muddle-through optimism that had been sustaining me for the previous few years. Like most depressions that plague people who have been more fortunate than most, I was ashamed of mine because there appeared to be no convincing cause for it; I just felt as though I had come off the rails somewhere.

I had no idea at what point this might have happened. Indeed, I wasn’t even sure which rails these were. I had loads of friends, including girlfriends, I was in work, I was in regular contact with all the members of my immediate family, I had suffered no bereavements, I had somewhere to live … I was still on all the tracks that I could think of; so what, precisely, was the nature of the derailment? All I know is that I felt, inexplicably, unlucky, cursed in some way that would not be immediately apparent to anyone without a job or a lover or a family. I knew myself to be doomed to a life of dissatisfactions: my talents, whatever they were, would go permanently unrecognised, my relationships wrecked by circumstances entirely beyond my control. And because I knew this beyond any doubt, then there was simply no point in attempting to rectify the situation by looking for work that would stimulate me, or for a personal life that would make me happy.

Oler El Vino

Estupendo cuento de Lucas Varela que me pasó Matías. Si tienen un ratito, no dejen de leerlo. No es corto, pero es espectacular, te engancha desde el principio: Oler el vino.

Muere Lentamente

En otro robo impune a Milton, les traigo este texto que tengo como una tab abierta en el navegador hace meses y me encanta.

Para mí es un post histórico de Q! y realmente no puedo estar más de acuerdo con cada una de las cosas que dice. Disfrútenlo y ténganlo en cuenta en sus vidas:

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos.

Muere lentamente quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quién deja escapar un posible amor, con tal de no hacer el esfuerzo de hacer que éste crezca.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de empezarlo, quien no pregunta acerca de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.

Instrucciones Para Llorar

Les dejo uno de los cuentos de la sección Manual de Instrucciones del libro Historias De Cronopios Y De Famas de Julio Cortázar, que recomiendo fervientemente y que leí en unas horas. Muy bueno. Confirmé que me encanta el sentido del humor del escritor argentino nacido en Bélgica.

Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

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